Entrevista en el Diario de Lanzarote

M.J. Tabar, una reconocida periodista residente en Lanzarote, me llamó para entrevistarme, y tras nuestra conversación en torno a un café con pincho y un libro recién comprado, escribió para el Diario de Lanzarote un precioso artículo en el que demuestra su buena pluma. ¡Gracias! 

Para ver el texto en su sitio original pincha aquí aunque puedes leerlo aquí mismo. ¡Ah! También le conté un cuentito breve, zen, y el video se publicó junto al artículo.


Como te lo cuento

 

Como te lo cuento from DiariodeLanzarote.com on Vimeo.


M.J. Tabar
[Viernes, 26 de agosto de 2011]

Érase una vez un oficio que brotó de la casualidad y de la garganta de una zamorana llamada Cristina G. Temprano. El calendario se vestía de año 1992 y una radio local era testigo del nacimiento de una contadora de historias que hoy vive en Caleta de Caballo y tiene una voz que suena a montaña rusa de juguete: hace zigzags, sube, revira y se despeña.
Un suspenso en el examen de acceso a la Facultad de Bellas Artes, más una suplantación de personalidad (obra de una amiga, que se encargó de preguntar en su nombre) consiguieron que Cristina comenzará a trabajar en un radio y se diera la oportunidad de tomar contacto con su voz.
La primera vez que se estrenó como contadora frente a un público de cuerpo presente -que la miraba, tosía y sudaba- fue en Arrecife, en la Casa de Cultura Agustín de la Hoz. Sufrió un ataque de pánico escénico, pero lo masticó y lo deglutió con serenidad de monasterio. “Imagínate un montón de ojos mirándote; yo que estaba acostumbrada a la soledad de la radio”. Aquello ocurrió hace 10 años, en una edición de la Feria del Libro de la capital, que este año fue suprimida.
Tras su bautismo, recibió la llamada de Mercedes Hernández, responsable de la Biblioteca de Tías, y la invitó a participar en La hora del cuento. La iniciativa de animación a la lectura fue un éxito. “Salí flotando, con una sensación diferente; sintiendo que aquello sí me llenaba por completo”. Su voz significaba que algunos niños comenzaran a abrir las páginas de un libro, a olerlas, a entender el significado de un artículo determinado seguido de un nombre y de un adjetivo que calificaba cosas... Los niños se quedaban pensativos, viajaban sin coche.
“En los últimos dos años, Lanzarote ha pegado un bajón cultural importante”, analiza Cristina. Y las letras han salido mal paradas. La Semana de la Literatura de Tías voló de un plumazo, y con ella la llegada a la isla de un crisol de narradores, cuentistas, contadores y romanceros de diversas nacionalidades.
Es una época de vacas flacas. Pero el ferry y el avión siempre suelen esperar a Cristina para llevarle allá donde la requieran. El mismo día que nos cuenta su historia recibe una llamada de un colegio de Fuerteventura; más adelante volará a su tierra natal para recontar La vuelta al mundo en 7 cuentos, que pudimos ver en mayo en la Sala Librada, y que nunca será la misma, porque los cuentos tienen vida propia y se transforman en cuando distinguen un gesto o un minuto de otro color.
“La oralidad es la forma de transmisión más directa de las historias”, nos dice Cristina. Así contamos lo que nos sucede o formulamos lo que no queremos que ocurra. Si nos remontamos a nuestro propio salón o a unas centurias más atrás encontraremos abundantes ejemplos de cuentos contados: algún volumen Hans Christian Andersen; la incisiva recomendación de un abuelo que termina convertida en historia cuando al hombre se le concede permiso para prolongarse...
En el ámbito canario hay que destacar los romances y las leyendas del Archipiélago que el investigador Maximiano Trapero ha recogido en su archivo sonoro durante varios años de entrevistas (y que en Lanzarote cuenta con un buen número de coplas y leyendas, con posibles brujas y extraños amores...).
De la importancia de la palabra contada y otras artes se percató el violinista Yehudi Menuhin, un hombre que creó el programa MUS-E para educar a los niños en el respeto a través de la música, las artes plásticas, la danza y el teatro. El colegio Nieves Toledo de Arrecife es el único de Lanzarote que aplica este programa, y en ese marco es donde Cristina trabaja con su arte pedagógico.
Los cuentos orientales (con sus arcos de filigrana, el frufrú de sus tapices...) son los favoritos de Cristina, junto con los zen (un puñetazo en el estómago si alcanzan el suficiente nivel de excelencia). Su padre era quien le contaba cuentos cuando chica y siempre repetía un cuento estrella: “El del galgo”. Nunca se ha cansado de escucharlo. Y no lo cuenta porque lo reserva para una ocasión especial.
Cristina es un radar. Escucha retazos, cuenta baldosas, se le prenden los sonidos en la memoria y ciertas palabras le caracolean en el oído. La inspiración puede estar en una visita a Hacienda, o en el nombre de una hierba jabonera: la saponaria. “Un nombre fantástico para un personaje”.
En algunas ocasiones se acompaña de títeres, instrumentos musicales (acordeón, xilófono, chinchines) y otros juguetes. “Aunque en realidad no hace falta nada; solo la fuerza de la palabra. Si una historia funciona... funciona y no hace falta nada más”. En todo caso, una actitud de escucha activa, algo que cuesta esfuerzo mantener desde que Google, nuestro blog, nuestros feeds, algún retweet y demás vías de conocimiento instantáneo, y extraordinario, nos informan de otras historias.

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