Crónica de dos talleres y cinco días

La semana comenzó con la alarma del despertador sonando a las 5:30 h. Atravesé el Parque Nacional de Timanfaya cuando las sombras comenzaban a esconderse. Tomé el barco que surca el Estrecho de la Bocaina cuando el sol acariciaba el horizonte, y pude ver cómo ascendía mientras me acercaba a las costas de Fuerteventura. Comenzar con tanta belleza en los ojos una nueva aventura de trabajo, un nuevo viaje, hace olvidar el sueño, el cansancio y las dudas. Nada sabía de cómo resultarían los días venideros, pero el inicio de la travesía era como un gran soplo de aire fresco. Tenía por delante un taller que impartir por la mañana, de 5 horas cada día y otro taller de 3 horas por las tardes. Todo, en el Centro Bibliotecario Insular.


Las Mañanas.
Con la Escuela Taller Animarte. 15 jóvenes de entre 17 y 24 años con los que trabajar los cuentos, contar, jugar con las historias, animar a leer... Pero sólo cuatro de ellos tenían o habían tenido relación con los cuentos. El resto no recordaba que se los hubieran contado, a algunos no les habían interesado nunca, o no les gustaba leer. Así que, empezamos por el principio: les conté cuentos el martes, les conté el miércoles, y el jueves cuando les propuse un juego para comenzar el día, me miraron sorprendidos y dijeron: ¡¡¡¿Hoy no nos vas a contar un cuento para empezar?!!!!  Me hicieron sentir feliz, me olvidé del juego y un cuento tomó la palabra.


Y entre historia e historia el tiempo se nos pasaba deprisa. De un juego de expresión a otro, imaginar, escribir, leer, y reírnos, mucho, y compartir alguna canción, y descubrir que contar, contarnos, es nuestra esencia como seres humanos.


Y muchos descubrimientos más en cada uno ellos, constantemente: la expresividad, la capacidad para inventar, para imaginar, las voces que guardamos, lo comunicativos que podemos llegar a ser. Todos  contaron cuentos, primero lo hicieron en grupo arropados por sus compañeros, pero el viernes cada uno hizo su propia elección y se atrevió a narrar frente a los demás. Me llegó al alma el respeto con que se escucharon, la seriedad con la que enfrentaron nuestra ronda de historias.


Siento que hemos vivido juntos momentos bonitos, divertidos e importantes, para ellos y para mi. No puedo evitar quererles un poco, en seguida me encariño, no puedo evitarlo. GRACIAS CHICOS.
Las Tardes
Los calores y el intenso sol de la semana no fueron impedimento para que un numeroso grupo de 19 mujeres y un chico, acudiera al taller desde distintos puntos de la isla para contar y hablar de cómo contar. Comenzábamos a las 17:00 h., ese momento del día en que montarse en coche es lo más semejante a tomar una sauna, pero llegábamos, no se por qué, de lo más frescas, serían las ganas...
Para mi fue una auténtica alegría encontrarme con bastantes caras conocidas, eso es un regalo cuando uno se encuentra fuera del lugar donde vive; y también encontré mucha motivación e interés por llenar de cuentos sus lugares de trabajo, ya que todas las asistentes acudían desde distintos ámbitos de la educación sociocultural o desde bibliotecas. Tantas eran las ganas que ni descanso nos dimos, ningún día, nos faltaron horas, se nos escapaban las tardes entre los dedos.


Estoy segura de que han estado contando esto y lo otro, por aquí y por allá este fin de semana, y que seguirán haciéndolo, y eso será una suerte para los niños, jóvenes o adultos que se encuentren con ellas.


Y el regreso
Pues aunque últimamente estoy durmiendo regular, aunque los sofocos veraniegos hacían difícil el descanso, aunque fueron 8 horas al día al frente de dos talleres muy diferentes, con personas muy diferentes e intereses diferentes, llegué a casa sin una pizca de cansancio, absolutamente feliz y agradecida. Por el camino me había dado por canturrear en mis adentros el final del cuento Ratón de Campo y Ratón de Ciudad (es un final para cantarlo, más que para decirlo, a mi me gusta con ritmo de swing): Que bonito es viajarrrrr, queeee booonito ess viajarrr, que bonito esssss viajarrrrr, y que boo nii too es    reeee greeee sarrrrrr.
(Por cierto, ese es un cuento interesante en alguna de sus versiones y muy poco en la gran mayoría, ¡cambia tanto una historia según se enfoque!)


Y ya en mi casita, no he podido dejar de recordar momentos, de recordarlos a todos, todas, a cada uno de ellos y ellas, porque cada uno me dio mucho. Gracias.


P.D. Ainara, sin ti, nada hubiera sido lo mismo. Merci. 

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